domingo, 19 de enero de 2014

EL MOVIMIENTO FEMINISTA MODERNO

Con este esquema profundizamos en el estudio de los movimientos sociales enmarcados dentro del MOVIMIENTO OBRERO. Recordad que, inicialmente, hay que diferenciar el nacimiento del MOVIMIENTO SUFRAGISTA de lo que es el Movimiento feminista moderno, surgido de dicho movimiento, pero más ambicioso en sus reivindicaciones de plena igualdad.


En esta entrada os proporciono, además, infrmación complementaria para una mejor comprensión de este proceso histórico. 
Los orígenes
El movimiento feminista moderno surgió en Gran Bretaña y en EEUU, en la segunda mitad del siglo XIX, impulsado por mujeres de clase media de ideas próximas al liberalismo. En el siglo XX, el feminismo se difundió poco a poco entre las mujeres obreras. La lucha por el derecho al voto de la mujer se convirtió en una reivindicación fundamental en la primera mitad del siglo (movimiento sufragista). No obstante, también se exigía la igualdad en otros ámbitos: igualdad ante la ley (sobre todo con respecto al marido; legalización del divorcio), en la enseñanza (especialmente en el acceso a niveles universitarios), en el mundo laboral (igualdad de salarios), etc.
La sociedad industrial y el liberalismo no aportaron cambios significativos a la situación política, legal y económica de las mujeres, que siguieron estando discriminadas respecto a los varones. Tan solo abrió el camino hacia el trabajo femenino en las fábricas y las minas, pero en condiciones de una extrema explotación e igualmente diferenciadas salarialmente de sus compañeros de trabajo. Por otro lado, la mujer tuvo vetadas las áreas profesionales de más responsabilidad así como la educación superior, siendo relegada en el caso de la burguesa al ámbito doméstico.
El liberalismo en mayor medida transformó el status de los hombres que alcanzaron primero el sufragio censitario y más tarde el universal. Pero las mujeres quedaron excluidas de ambos sistemas electorales. De estas circunstancias arrancó a partir de la segunda mitad del siglo XIX el movimiento sufragista que reivindicaba el derecho al voto de las mujeres como paso previo al feminismo cuyo objetivo era la igualdad de derechos respecto a los hombres.


El desarrollo
     Los cambios políticos, económicos y sociales que vinieron unidos a lo que los historiadores han denominado “Segunda Revolución Industrial”, iniciada en la década de 1870, provocaron una clara aceleración del movimiento feminista en el último tercio del siglo XIX. El mayor protagonismo y seguimiento del feminismo estuvo condicionado por claros cambios sociales en los países más desarrollados. En Gran Bretaña, por ejemplo, a principios del siglo XX, el 70.8% de las mujeres solteras, entre 20 y 45 años, tenían un trabajo remunerado. También en el Reino Unido, en 1850 se observaba cómo el número absoluto de mujeres solteras mayores de 45 años, había crecido entre las clases medias. La "carrera del matrimonio" registraba así un cierto retroceso para muchas mujeres, no sólo como proyecto de vida, sino también como opción económica. Otro elemento clave lo constituyó la incorporación de la mujer al trabajo durante la Primera Guerra Mundial para sustituir a los hombres que habían marchado al frente. La conciencia de su valor social alentó sus demandas del derecho de sufragio en casi todos los países.
El movimiento sufragista no estuvo constituido por grandes masas y arraigó con más fuerza en las mujeres urbanas de clase media que poseían un cierto grado de educación. Las obreras antepusieron sus reivindicaciones de clase a sus propios intereses como mujeres. Las campesinas por su baja formación, su dedicación íntegra al trabajo, la carencia de tiempo libre y su aislamiento, fueron las últimas y más reacias a incorporarse a los movimientos emancipadores femeninos.


Algunas protagonistas
     Por lo demás, las principales abanderadas del sufragismo y posteriormente del feminismo fueron las británicas y las estadounidenses, seguidas de escandinavas y holandesas. Conocidas figuras en el movimiento por la emancipación femenina fueron la británica Emmeline Pankhurst (1858-1928), fundadora de la Unión Social y Política de Mujeres (WSPU) e inspiradora de diversos tipos de protesta (manifestaciones, huelgas de hambre, etc); Emily Davison, quien murió en 1913 en una de sus acciones de protesta arrojándose a los pies de un caballo de la cuadra real en una carrera en Derby; la española Concepción Arenal (1829-1893) quien asistió a la Universidad Complutense vestida de hombre por estar vetada la enseñanza universitaria a la mujer; o la alemana Rosa Luxemburgo (1870-1919) significada miembro del comunismo alemán.

La aceleración
      El punto de inflexión decisivo en la concienciación social de la mujer tuvo lugar con la Primera Gran Guerra (1914-1918). Durante este conflicto la mujer suplió al hombre que luchaba en el frente en sus habituales tareas, poniendo de relieve que si era competente para realizar trabajos propios del varón también lo era para gozar de sus derechos. En 1920 le fue concedido el voto a todas las mujeres británicas que habían cumplido los 20 años, en tanto que en España tal autorización se retrasó hasta el año 1931 con la proclamación de la Segunda República. No obstante, en el caso de nuestro país, la Guerra Civil (1926-39) y la posterior dictadura franquista (hasta 1976), devolvieron a la mujer el estatus anterior a la Segunda República en todo lo referido a sus derechos civiles; cosa que, por otra parte, también sucedió para el conjunto de los hombres. Habrá que esperar a la reinstauración de la democracia en España, a partir de 1977, para que las mujeres, y los hombres, alcanzasen, por fin, el pleno reconocimiento de sus derechos civiles, tal y como ha quedado reconocido en la Constitución de 1978.