martes, 12 de noviembre de 2013

EUROPA Y LOS PROCESOS DE UNIFICACIÓN NACIONAL DE ITALIA Y ALEMANIA


Mapa político después del Congreso de Viena (1815)

    Los movimientos nacionalistas que se desarrollan a lo largo del s. XIX tienen como punto de partida el nuevo mapa político que se diseñó en Viena por las potencias que habían vencido a Napoleón. Los reyes y ministros allí reunidos reorganizaron el mapa político y trazaron fronteras atendiendo, casi en exclusiva, a sus propios intereses dinásticos; las aspiraciones nacionales de los pueblos europeos no fueron tenidas en cuenta; prevaleció la legitimidad de los reyes y el objetivo de restablecer un cierto equilibrio territorial entre las potencias. Austria, Rusia, Prusia y Gran Bretaña establecieron el nuevo orden europeo para evitar el estallido de revoluciones liberales, la amenaza de una Francia recuperada y, en el caso que nos ocupa, la explosión de movimientos nacionalistas que pusieran en peligro la integridad territorial de los imperios existentes en Europa. 
     El ciclo de revoluciones de 1820, 30 y 48 (que ya hemos analizado) evidenció la fragilidad de este proyecto, pues algunas nacionalidades, que vivían sometidas dentro de algunos de esos estados, consiguieron su emancipación nacional y la construcción de estados propios; fue el caso de Grecia o de Bélgica y, en América, de las colonias españolas que consiguieron la independencia. Los estallidos nacionalistas se sucedieron y, en mayor o menor medida, afectaron a la estabilidad del continente. Las áreas más afectadas por estos movimientos son la alemana y la italiana. Se trata de dos expresiones geográficas, pero no políticas. Durante la primera mitad del siglo XIX los sentimientos nacionalistas se irán desarrollando en estas áreas, lo que favorecerá el desarrollo, a su vez, de movimientos políticos de carácter nacionalista que aspirarán a modificar la situación política existente. En 1848 fracasó en el área alemana el intento, plasmado en la Asamblea de Francfurt, de unir a los alemanes en un solo estado bajo la autoridad del rey de Prusia, Federico Guillermo IV. El fracaso de este proyecto no será, sin embargo, el final del sueño de unificación de los alemanes en un sólo estado, sino el principio de un proceso que, liderado por Prusia, culminará en 1871. En el área italiana, a los intentos de instaurar regímenes liberales en algunos estados, se suma el esfuerzo por echar a los austríacos que dominan el norte de Italia y la política italiana. El Piamonte-Cerdeña, único estado constitucional de la península, será quien finalmente lidere este proceso.
     Concluidos ambos procesos de unificación política, asistimos a la configuración de un nuevo mapa político en Europa; las viejas potencias (Austria, Rusia, Francia o G. Bretaña), verán amenazada su hegemonía continental con la aparición de dos nuevos estados de enorme potencias demográfico, económico y político. Las guerras que hicieron posible la unificación abren el camino a nuevos enfrentamientos. La lucha por la hegemonía en Europa y en el mundo se abre a nuevos protagonistas. Alemania e Italia romperán el equilibrio establecido en Viena, de modo que el sistema establecido en aquel congreso saltará por los aires, de forma definitiva, en 1871.

Un esquema que sintetiza los dos procesos:


Mapa conceptual cortesía del profesor Francisco